viernes 30 de junio de 2006

Profesores "world-class"

El término “world-class” o “clase-mundial”, tan propio de la economía globalizada que vivimos, no sólo aplica a la calidad del vino, de los salmones o de las manzanas; también puede extenderse a los recursos humanos. En este sentido, si el magisterio chileno se pone a la altura de su mayor desafío en las últimas décadas, podremos decir, tal vez para el bicentenario, que un porcentaje importante de nuestros profesores alcanza un estándar docente de nivel “world-class”.


Cuando se revisan los informes del Ministerio de Educación con los resultados de la evaluación docente del año 2005, la primera reacción es muy crítica. Una segunda lectura, sin embargo, permite ser optimista. Aunque cueste.

Como se sabe, la escala de calificación mide el nivel de desempeño de los profesores en cuatro grados: destacado, competente, básico e insatisfactorio. De un total de 10.695 profesores evaluados, un 59% está en las dos categorías superiores.

En cuanto a las dos categorías inferiores, no es necesario detenerse en la abundante discusión política o gremial entre las autoridades educacionales y el Colegio de Profesores. Es muy común escuchar más explicaciones y excusas, que compromisos o planes de mejoramiento efectivo.
Mucho más interesante es prestar atención a los ejemplos de profesores destacados y competentes. Entre muchos nombres divulgados por la prensa: Mariana Campos y Edgardo Sánchez. Profesores que hablan de “un nuevo paradigma” en la educación chilena. Que pasaron de una escuela pedagógica conductista, de esperados efectos directos entre lo que se enseña y lo que se debe aprender, a una escuela constructivista que promueve un método basado en la generación de un ambiente de aprendizaje más creativo y participativo.

Estos son profesores que miran y siguen de cerca la vorágine de cambios en un entorno global, donde la misión de enseñar y también aprender tienen como horizonte una dimensión más amplia que los límites de una sala de clases. Son profesores que están más expuestos al impacto de los medios de comunicación y a las nuevas tecnologías de información. A estos formadores ahora les corresponde ser “Maestros de Maestros”, una red de profesores que podrá contribuir al desarrollo profesional de sus pares.

Si aspiramos a tener profesores world-class, es bueno escuchar a los docentes incorporar en su lenguaje temas como certificación de competencias, control de calidad pedagógica y por supuesto, la voluntad de someterse al escrutinio de mediciones cualitativas.

Y como no todo en la vida queda en la esfera de los ideales, también es positivo saber que parte del reconocimiento para los profesores bien evaluados consiste en la asignación de un sueldo adicional al año, por un período de diez años.
Está claro que falta mucho camino por recorrer para que Chile avance en mejorar la calidad de su educación. El nuevo ministro del ramo, Martín Zilic, ha dicho que debe iniciarse otra etapa, que es el minuto de hacer un quiebre porque terminó la era de la cobertura y empezó la era de la calidad.
Esperemos que en las salas de clases, en las reuniones de apoderados, en los discursos del Colegio de Profesores, en las Escuelas de Pedagogía y en las oficinas de los directivos de establecimientos educacionales se hable el mismo idioma. El idioma de las buenas prácticas y de la excelencia profesional.
Si disminuye la intensidad de la pura discusión sobre el tema de la calidad docente en Chile y mejoran los indicadores de eficacia y eficiencia pedagógica, ya no necesitaremos anuncios de nuevas reformas, porque entonces habrá llegado el momento de la revolución educacional pendiente.


marioboada@snap.cl

0 comentarios: