¿ A usted le gustaría que, después de haber estudiado 12 años de
colegio, de haber logrado un título universitario y llevar varios años
trabajando, alguien le dijera que es un “analfabeto digital”?
Prepárese, es muy probable que –de repente- se lo digan en su cara…
Antes de hablar de “alfabetización digital” en el mundo de hoy, es necesario un regreso instantáneo al siglo XV y recordar al inventor alemán Johannes Gutenberg.
Una mirada retro necesaria porque hasta ahora nuestro entorno cultural ha estado esencialmente dominado por lo que podemos llamar el “mundo gutenbergiano”, una extensión de cinco siglos marcados por la revolución de la imprenta, de los libros y de la lectura tradicional.
Desde hace un par de décadas, más o menos, comenzamos a sentir el impacto de otra revolución impregnada, no de tinta, sino de bits. Cada vez más pulsos electrónicos y más pantallas luminosas, en vez de páginas de papel. Surgió el mundo digital. Y empezamos a sentir la ansiedad propia de una época de cambio profundo. Por ejemplo, la necesidad de aprender a leer, de nuevo.
La Alfabetización Digital, en todo caso, es menos complicada de lo que se cree. Se trata de aprehender los conocimientos y las habilidades para manejar las nuevas tecnologías de información -las herramientas computacionales- con Internet como punta de lanza.
Aquí hay que hacer una diferencia. Una cosa es el analfabetismo tradicional, donde las cifras indican que Chile tiene una tasa de 4% de personas que no saben leer ni escribir. Otra cosa es el analfabetismo digital, que identifica a quienes no están preparados para usar el lenguaje del mundo digital; ahí la tasa es a la inversa, porque en Chile fácilmente el 96% de la población no está adecuadamente alfabetizada.
Considerando el nivel actual en Chile de carencias en este campo, la alfabetización digital es un paso fundamental, sin distinciones. Es válido para niños, jóvenes, adultos, profesionales, docentes, gerentes y todos quienes necesiten estar mejor preparados para enfrentar un mundo cada vez más competitivo, cada vez más global y que exige “estar al día”, o mejor dicho, exige demostrar que la persona es funcionalmente apta y productiva para desempeñarse en un trabajo, con las demandas y características del nuevo mercado laboral.
Como antecedente, en 1995 se realizó en Chile uno de los primeros talleres de alfabetización digital. El requisito para matricularse era la edad. Solamente se aceptaban niños de entre 3 y 13 años. En una de las sesiones los participantes usaban unos cascos de realidad virtual para ver imágenes satelitales tridimensionales de la Tierra. En otra sesión jugaban formando palabras en inglés con letras grandes de colores (estaban aprendiendo a usar el software Power Point).
Uno de los primeros inscritos en esos talleres se llama Nicolás. Tenía cuatro años de edad cuando conoció lo que era un disco compacto CD-rom, dispositivo que en ese tiempo muy pocos profesores conocían o usaban. Hoy Nicolás está en sexto año básico, tiene 11 años y –como muchos de sus amigos- maneja el procesador de texto Word, graba sus tareas en discos digitales, usa correo electrónico, tiene la lista de los compañeros de curso en una planilla Excel, y está trabajando en su página web. Además le explica a su mamá cómo puede hacer el pedido de supermercado por Internet.
Hoy ya no sirve escuchar en conversaciones entre adultos eso de “yo no le pego mucho a la computación, pero mi nieto hace maravillas”. Las imaginativas disculpas de los analfabetos digitales –que incluye hasta ejecutivos de importantes empresas- no está a tono con un país que entra ahora a jugar en las grandes ligas a través de los tratados internacionales de libre comercio.
Ser analfabeto digital en el apasionante mundo del siglo XXI tiene un costo personal, organizacional y, por supuesto, nacional.
Un logro espectacular de nuestro país sería llegar al año 2010 con un 96 por ciento de nuestra población alfabetizada, pero digitalmente.
marioboada@snap.cl<
viernes 15 de agosto de 2008
Alfabetización digital para todos...
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